ESPAÑA - para los españoles de Costa Rica

España, oficialmente el  Reino de España, es un país soberano, miembro de la Unión Europea, constituido en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político. La forma política del Estado español es la Monarquía parlamentaria, con un monarca que ejerce como Jefe de Estado y un parlamento bicameral, las Cortes Generales: una cámara baja, el Congreso de los Diputados, formada por 350 miembros elegidos por votación popular, y una cámara alta, el Senado, constituído hoy por 259 escaños. Además, unos doscientos eurodiputados, también electos por el pueblo español, representan a la nación  en el Parlamento Europeo. El poder ejecutivo lo forma un Consejo de Ministros, presidido por el Presidente del Gobierno. Es el monarca quien propone al Presidente del Gobierno tras las elecciones generales y quien lo mantiene en su cargo mientras conserve la confianza del Congreso de los Diputados.  La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas. (Artículos 1° y 2°  de la Constitución Española de 1978).

Españoles de adentro y de afuera, . . .

 España tiene una extensión de 504.645 km2, lo que la hace  el país más extenso del continente tras Rusia, Ucrania y Francia; es, asimismo, es el segundo país más montañoso después de Suiza. Al comienzo del año 2010 la población del país era de  46.242.532  de habitantes, de los cuales 5.708.940 eran extranjeros lo que en términos porcentuales representa más del doble de la media europea. Los ciudadanos de Rumanía, Marruecos y Ecuador son los más numerosos. Por otra parte, el número de españoles residentes en el extranjero, el PERE (Patrón de Españoles Residentes en el Extranjero), al 1° de enero del 2011, esa misma fecha, ascendían a 1.702.778 de los cuales solamente el 37,6% habían nacido en España.  De los 640.244 españoles nacidos en el territorio nacional, el 25% son gallegos, el 13,9% andaluces, el 10,3% catalanes, los madrileños son el 9,4% y los de Castilla y León el 9%. La distribución de residentes españoles por continente era la siguiente: América, 1.049.465; Europa, 602.178; Asia, 19.310; Oceanía, 16.908 y África, 14.917. Los países extranjeros en los que residen más españoles son: Argentina con 345.861,  Francia con 189.909, Venezuela con 173.56, Alemania con 108.4696 y Suiza con 90.142.  En Costa Rica somos aproximadamente unos 5.000. El número de españoles que cruzaron el Atlántico para asentarse en América entre 1880 y 1930 pudo ascender hasta cuatro millones; a esta “emigración en masa” –como la llama un historiador- habría que añadir el exilio republicano después de la guerra civil y la emigración posterior por razones económicas y la autarquía económica franquista.

Somos un país de emigrantes, está en el ADN nacional y eso constituye una riqueza para todos,  …  proclamaba   recientemente Anna Terrón, Directora de la Secretaría de Estado de Inmigración y Emigración.  Sí,  con la promulgación del “Estatuto de la Ciudadanía Española en el Exterior”, Ley 40/2006 del 14 de diciembre, ( http://www.ciudadaniaexterior.mtin.es),  la  misma percepción de nuestra realidad fáctica debe cambiar: somos como “otra” comunidad autónoma, atípica por cierto, donde la aplicación de la cláusula de Estado social, consagrado en la Constitución de 1978, en contenido y alcance, debe ser igual a las autonomías que conforman el mapa del territorio nacional. Con el Estatuto, el ejercicio de los derechos de los españoles en el exterior está garantizado. Desde el derecho al voto, hasta el derecho a recibir una prestación económica en situaciones de necesidad, pasando por el derecho a la asistencia sanitaria, a la educación y cultura, a facilitar  el empleo y el retorno, entre otros, la Ley equipara a los derechos de los españoles en el exterior con el resto de los españoles. Era justo y lógico, pero tenían que aprobarlo las Cortes Generales para que todo el andamiaje estatal y social se percatara.


Precisamente,  para que tales derechos no sean solo palabras, el mismo  Estatuto,  crea el “Consejo General de la Ciudadanía Española en el Exterior” (CGCEE)  y los” Consejos de Residentes Españoles”, los CREs, en cada país.  Para  poder elegir o ser electo en estas justas, se debe estar inscrito en el CERA (Censo Electoral de Residentes Ausentes) que mantiene  el Consulado. Estos Consejos tienen  como función esencial la de servir de cauce de comunicación entre el Consulado y la comunidad española del país para darle  a conocer las inquietudes y necesidades de carácter general o particular de la colonia, difundir las medidas de interés, las convocatorias electorales, manifestar su criterio acerca de la concesión de ayudas individuales o colectivas a ciudadanos y asociaciones o centros, etc.


Uno de los derechos que se tutela es, también, a ser electo y elegir en las mismas convocatorias nacionales. Sin embargo, valga aclarar que, con la  reforma a la LOREG, Ley Orgánica del Régimen Electoral General, debemos  saber:  en primer lugar, que ya no podremos votar en las convocatorias municipales, pero sí en las “Generales”, autonómicas, europeas y referéndums y,  en segundo lugar, que se instauró el “voto rogado”, lo que significa que los inscritos en el CERA, cada vez que deseemos ejercer nuestro derecho al voto en cualquiera elección, tendremos, previamente, que solicitarlo, es decir “inscribirnos antes”. La votación puede ser presencial, en los consulados, o por correo como hasta ahora.  Para mantenernos informados de nuestra condición de “españoles en el mundo”, además de las televisiones que nos llegan de la Península y los periódicos que podemos leer todos los días en Internet, tenemos a disposición  dos medios enfocados específicamente a nuestro singular condición: “España Exterior” y ”Carta de España” , a los que podemos suscribirnos, pero que también tienen su versión digital más fácil para todos: espaexterior.com  y cartadeespaña.es, respectivamente.  

Pinceladas históricas liminares, . . .

El nombre de España  se deriva de Hispania, vocablo con que los romanos designaban geográficamente al conjunto de la Península Ibérica, término a su vez  derivado del nombre de Iberia, preferido por los autores griegos para referirse a este mismo espacio geográfico. Sin embargo, parece que Hispania no es un nombre originalmente romano sino que provenía, más bien, del fenicio, cuyo uso está documentado desde el segundo milenio antes de Cristo, lo que demuestra  una presencia muy remota de los pueblos de esta región en la alborada de la civilización. Durante esta milenaria historia, el territorio español fue invadido y colonizado, entre otros pueblos y civilizaciones, por los celtas, fenicios, griegos, cartagineses y, hacia el 200 a. C., formó parte del Imperio Romano. La cultura romana se implementó en casi toda la península de tal manera que, paulatinamente, transformó toda  la estructura política, social y económica anterior. Aún hoy en día, importantes manifestaciones de la cultura e infraestructura romana están vigentes en nuestra patria. Incluso, la provincia de Hispania  proporcionó algunos  de los más importantes emperadores a Roma (Trajano, Adriano,  Teodosio,…), así como escritores reconocidos (Quintiliano, Marcial, Séneca,…).

Tras la caída de Roma, hacia el año 476, sobrevinieron las invasiones germánicas y surgió el Reino Visigodo, pudiéndose considerar que desde comienzos del siglo V, con el rey Ataúlfo, llegó a ser una nación independiente.  En el  siglo VIII  se produjo la invasión musulmana desde el norte de África que, aunque se establecieron como varios reinos independientes durante 750 años, la denominación genérica fue Al-Ándalus. Con una población de más de diez millones de habitantes en toda la Península y, además, muy heterogénea, se logró implantar  una sociedad y un Estado musulmanes fuertemente organizados. Aunque los musulmanes eran la clase dominante, se gozaba de  cierta libertad de culto, de circulación, de costumbres, etc. a cambio del pago de impuestos. Es verdad que el árabe se impuso como idioma culto, pero gran parte de la población seguía empleando las lenguas romances o el hebreo. (Los judíos –sefardíes como se les conoce- desarrollaron prósperas comunidades –aljamas o juderías- en las principales ciudades españolas. Se estima que prestaron ayuda a la invasión islámica que consideraron como fuerza libertadora y fue bajo el dominio del Islam que la cultura hebrea alcanzó su máximo esplendor). Precisamente, en una época en la que el desarrollo de las ciencias y el arte parecía estancado en el resto de Europa, la cultura andalusí florecía y se convertía en puente entre Oriente y Occidente para la difusión de las obras de los filósofos griegos de la antigüedad por las traducciones que se realizaron.

Sin embargo, las continuas tensiones y guerras entre cristianos y musulmanes tuvo como consecuencia la Reconquista, iniciada por Don Pelayo en Covadonga en el año 718 y que culminó con la toma de Granada en 1492 y la expulsión definitiva (o conversión) de los moros cuando se dictaminó la “Programática” el 14 de febrero de 1502. También, por el Edicto de la Alhambra,  promovido por el inquisidor Torquemada, a los judíos  se les concedió tres meses para que se convirtieran al cristianismo o salieran definitivamente del país. Algunos historiadores estiman en 100.000 judíos o más los que se vieron obligados a dejar el Reino. Sus descendientes, un poco repartidos por todo el mundo, conservan algunas de las costumbres de sus ancestros españoles, sefardíes. Nuevamente al territorio nacional se le denominaría España como en tiempos de los visigodos. A pesar de las persecuciones que siguieron por erradicar la religión, el idioma y las costumbres árabes, no cabe la menor duda de que la influencia de este largo período histórico sobre la identidad nacional fue decisiva. Aún hoy en día, más de 4.000 palabras más sus derivadas, por ejemplo, de origen árabe aparecen en el idioma que usamos. Y de esa carga ancestral y genética de la “cultura sefardita”, menor pero presente,  puede dar buena cuenta los numerosos apellidos que, se dice,  tienen ese origen, como: García, Ortiz, Zárate, Córdova, Moreno, etc.,… pero muy especialmente los apellidos patronímicos que terminan en “ez”, como: Pérez, Benítez, González, Martínez, Ramírez, etc.

A partir de ese año, con los Reyes Católicos comienza un glorioso y, a la vez, doloroso periodo de conquista y colonización extraterritorial, que cubrió gran parte de América del Sur, Centroamérica y el Caribe, y grandes extensiones de América del Norte y Filipinas, en Asia. Durante el reinado de Felipe II de 1556 a 1598, se decía con razón, que el sol no se ponía en sus dominios. Precisamente, desde la segunda mitad del siglo XVI hasta finales del siglo XVII, se dio lo que se conoce como el Siglo de Oro español, donde se desarrollaron las ciencias y las bellas artes como nunca antes se había visto. Las prestigiosas universidades de Salamanca y Alcalá de Henares propiciaron y acumularon este conocimiento. La pintura y la literatura y, en alguna forma la arquitectura, alcanzaron un relumbre universal reconocido hasta nuestros tiempos y difícilmente superable. La sola mención de las personas que descollaron en este siglo, desbordaría el sentido de esta reseña histórica esencial. Por dicha que su consulta está al alcance de todos y, en muchos casos, son objeto de estudio en colegios y universidades. Sin embargo, a la par de este esplendor,  muy lamentablemente, se mantuvieron las guerras e intrigas en Europa, (Países Bajos, Italia, Inglaterra, Francia,…) que, junto con un desmesurado endeudamiento de la Corona con los banqueros alemanes y genoveses, principalmente, provocando varias bancarrotas, trajo como consecuencias que, para finales del siglo XVIII, España perdiera notablemente su poder e influencia.

El siglo XIX estuvo marcado por deplorables intervenciones extranjeras, conflictos internos y la desaparición de las últimas colonias. En la primera parte del siglo XX continuó esa inestabilidad política en el país, aunque  supo decantarse por la neutralidad durante la Primera Guerra Mundial. En 1936, España se sumergió en una terrible y cainita guerra civil que concluyó con una dictadura fascista, conducida por  Francisco Franco hasta su muerte en 1975. Siguió después un hermoso periodo, pletórico de frutos y de esperanza, que se denominó “la transición” y que, con la aprobación de la Constitución en 1978, dio origen a una transformación sin precedentes del país que la llevó a ser una democracia consolidada y estar dentro de las ocho mayores potencias económicas del mundo (2007).  En los últimos años se ha convertido en el tercer destino turístico del planeta después de Francia y Estados Unidos.

Los símbolos patrios más importante, y que aparecen en este folleto, son la bandera y el escudo. Los colores  de la bandera, prácticamente, se oficializaron desde 1785 con un decreto real de Carlos III. Solamente durante el período de la II República (1931-1939), la franja roja inferior fue sustituida por una morada. El origen del escudo se remonta a los Reyes Católicos por el año 1496, al querer incorporar en sus propios blasones los símbolos de todos los reinos de la Península Ibérica. Fue evolucionando con los  reyes que siguieron  bajo el mismo criterio de que representara a los nuevos dominios y conquistas. El modelo oficial de uso institucional del escudo español se rige, actualmente, por la  Ley 33/81 del 5 de octubre. El significado de los diferentes símbolos que aparecen en el mismo puede resumirse: la corona real representa la soberanía y la forma política constitucional; las Columnas de Hércules con el “Plus Ultra” (más allá) sobre unas olas y rematadas, respectivamente,  por una corona imperial y otra real, la expansión histórica de la nación; el castillo y león, las barras rojas y las cadenas, las regiones, antes reinos, de Castilla, León, Aragón y Navarra, respectivamente; la granada, el último bastión de la Península que incorporaron los Reyes Católicos, el antiguo reino de Granada. La flor de lis del centro, es el símbolo de los Borbones en España. Es importante anotar que la bandera es constitucional (Artículo 4.1)  mientras que el escudo se definió por ley (33/81), donde también se regula la forma de incorporarlo a la bandera oficial para formar lo que se llamaría, en Costa Rica, el Pabellón Nacional.

Madrid  es la capital de España desde 1562. La Villa de Madrid, que es como se la conoce también desde antaño, fue fundada en el siglo IX. Hoy en día es una de las ciudades más hermosas de Europa, a la vez,  antigua y moderna, monumental y entrañable. Tiene una población metropolitana superior a los seis millones de habitantes, siendo por ello la tercera área urbana más poblada de la Unión Europea.

Patria común  y diversa, . . .

La división política y administrativa de España tiene la forma de diecisiete comunidades autónomas, además de Ceuta y Melilla, cuyos estatutos  les otorga el rango de ciudades autónomas en el norte del continente africano. Las respectivas comunidades están conformadas por una o más provincias; en total son 50 las provincias españolas, prácticamente, desde las Cortes de Cádiz en 1812.  A continuación, se presenta  un  cuadro  general de las autonomías; además del nombre, se señala  la capital, la(s) provincia(s) que la(s) conforma(n) y la fiesta oficial de la autonomía

NOMBRE

CAPITAL

PROVINCIA(S)

FIESTA OFICIAL

Andalucía

Sevilla

Almería, Cádiz, Córdoba, Granada Huelva, Jaén, Málaga, Sevilla

28 de febrero

Aragón

Zaragoza

Huesca, Teruel, Zaragoza

23 de abril

Principado de Asturias

Oviedo

Asturias

8 de setiembre

Baleares (Illes Balears)

Palma de Mallorca

Islas Baleares

1° de marzo

Canarias

Las Palmas de Gran Canarias y Santa Cruz de Tenerife

Las Palmas, Santa Cruz de Tenerife

30 de mayo

Cantabria

Santander

Cantabria

15 de setiembre

Castilla - La Mancha

Toledo

Albacete, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara, Toledo

31 de mayo

Castilla y
León

Valladolid

Ávila, Burgos, León, Palencia, Salamanca, Segovia, Soria, Valladolid, Zamora

23 de abril

Cataluña (Generalitat de Catalunya)

Barcelona

Barcelona, Gerona, Lérida, Tarragona

11 de setiembre

Comunidad Valenciana (Comunitat)

Valencia

Alicante, Castellón, Valencia

9 de octubre

Extremadura

Mérida

Badajoz, Cáceres

8 de setiembre

Galicia

Santiago de Compostela

La Coruña, Lugo, Orense, Pontevedra

25 de julio

La Rioja

Logroño

La Rioja

9 de junio

Comunidad de Madrid

Madrid

Madrid

2 de mayo

Región de Murcia

Murcia

Murcia

9 de junio

Navarra

Pamplona

Navarra

3 de diciembre

País Vasco (Euskadi)

Vitoria

Álava, Guipúzcoa, Vizcaya

11 de abril

J. Merino Serna.

admin